alaqaladra

Un espacio para que la letra tome cuerpo en la palabra

Acompañamiento en la relación con la lectura, la escritura y el lenguaje · Medellín

Dos figuras, una blanca y una rosada, unidas por dos líneas de letras que van y vuelven entre ellas sobre un fondo azul.

Acompañamos a niñas, niños, adolescentes, jóvenes y personas adultas en su relación con la lectura y la escritura. Junto a sus familias y/o cuidadores, y/o instituciones.

También trabajamos con colegios y docentes que quieren pensar de otra manera lo que pasa con el lenguaje en la escuela. Alaqaladra es un espacio pedagógico.

Desde dónde

El lenguaje es más que una herramienta

Es lo que nos permite habitar el cuerpo, hacer lazo con otros y decir algo propio. Por eso no corregimos ni entrenamos: escuchamos cómo cada uno está en la lengua y construimos desde ahí.

Desde dónde trabajamos
Una escritura infantil convertida en paisaje: las letras forman el horizonte y una figura está de pie sobre una O grande.

Acompañamiento

Niños, jóvenes y adultos, con sus familias

Acompañamos a cada uno en su relación con la lectura y la escritura. La familia no acompaña desde afuera: es parte del proceso y tiene sus propios momentos.

Una figura sentada hecha de letras; de sus rodillas salen mariposas con las palabras alegría, espíritu y estrella.

Para quién

Cuando leer y escribir se vuelve difícil

A veces las letras se voltean, se cambian o no aparecen. A veces leer parece imposible; duele, cansa o da miedo. A veces simplemente lo rechazamos sin saber por qué. Muchos estudiantes llegan con un diagnóstico; como dislexia, afasia o TDAH. En muchos casos después de pasar por diferentes terapias. Otros llegan sin ningún diagnóstico, solo con una dificultad.

Aquí el diagnóstico no es el punto de partida, ni mucho menos de llegada. Algunas veces es la ocasión para encontrarnos. La oportunidad es el deseo de resolver en torno a cuestiones del lenguaje.

Otra relación con el lenguaje

Este espacio también es para quienes no tienen ninguna dificultad. Afines a otras formas de pensar el lenguaje, algunas familias eligen que sus hijos vivan y exploren la lengua desde la relación singular que se establece con ella, como brújula para el aprendizaje de la lectura y la escritura.

El lenguaje no es solo una herramienta para comunicarse o lograr aprendizajes curriculares. Es lo que nos permite hacer lazo con otros, tener y relacionarnos con el propio cuerpo. Hacernos de esta condición de ser humanos, entendidos como la especie que tiene esta relación particular con el lenguaje.

Acompañamos desde la infancia hasta la adultez, incluidos jóvenes en la universidad y adultos a quienes las palabras se les empezaron a escapar.

Cómo funciona

  1. Una primera conversación con la familia. Escuchamos por qué llegan, qué han visto y qué les han dicho. Acordamos juntos la forma del acompañamiento.
  2. Los primeros encuentros. Nos conocemos. Nadie está obligado: si alguien no quiere venir, nos preguntamos qué más podemos proponer, y damos lugar a las ganas y al desgano.
  3. El acompañamiento. Se diseña con cada uno, sobre sus dificultades y también sobre sus posibilidades. Lo que haya que estudiar del colegio o la carrera, lo estudiamos juntos; lo que no sabemos, lo investigamos juntos. Es presencial en Medellín o virtual, con la frecuencia que se acuerde.
  4. Encuentros con la familia. La familia no acompaña desde afuera: cada cierto tiempo nos encontramos para pensar juntos lo que va pasando. Cuando el entorno se mueve, el proceso también.
  5. Un espacio para madres, padres y cuidadores, cuando hace falta. Hay cosas que son de los adultos y no del niño o el joven, y también merecen un lugar.
  6. Con el colegio o la universidad, cuando el caso lo pide. Conversamos con la institución, siempre con el acuerdo de la familia y cuidando que nadie se sienta expuesto. Si es posible y necesario, participamos en la construcción de adaptaciones. También acompañamos el regreso al colegio o a la universidad cuando se ha interrumpido.
  7. El cierre. Miramos juntos el recorrido y lo que cada uno pudo hacer propio.

Con adultos, la participación de la familia se conversa en cada caso.

Lo que nos orienta

Del diagnóstico a la pregunta

Casi todos llegan diciendo «es que yo tengo dislexia». Pero ¿y qué es eso? Con el tiempo, se pueden decir otras cosas «lo que pasa es que yo volteo la b y otras letras» o «yo no veo estas letras». Lo que otros nombraron por ellos se vuelve algo que puede estar en lo ajeno, pero a cambio se puede saber de sí mismos y entonces hacer también de forma singular con esas letras que se presentan tan 'difíciles'.

Nadie está obligado

El espacio nunca obliga. Si un muchacho no quiere venir, ¿qué más podemos proponer allí? Él puede ser parte activa del proceso, y esta es una de nuestras grandes apuestas. El trabajo también propone reconocer esa falta de deseo, sin que una voz experta le diga siempre qué tiene, sino dándole lugar a la gana y el desgano y a las formas en que se puede abrir espacio al saber.

Con la familia

Las familias y quienes cuidan a los muchachos hacen parte del proceso, siempre. Cuando alguien en casa se dispone a pensar con preguntas nuevas, a vincularse, esto enriquece el proceso. Porque en los entornos, las dificultades y diagnósticos permean a todos.

Cada proceso es único

No trabajamos con los conocidos métodos de aprendizaje del código escrito de la lengua, ni con correcciones, ni procesos repetitivos. El espacio se diseña con cada uno, según lo vamos construyendo juntos: sobre sus dificultades, pero también sobre sus posibilidades. Puede ser media hora a la semana o muchas horas; presencial en Medellín o virtual. Esto siempre sujeto a las posibilidades de cada uno.

Un espacio pedagógico

Este es un espacio pedagógico, cuya orientación teórica y ética se aborda desde el campo del psicoanálisis. No es terapia ni refuerzo escolar. No hacemos grandes promesas: aquí no hay nada que curar. Pero hay todo por aprender y por crear.

Primeros encuentros

Lo singular toma forma en la historia con que llegamos, en lo que sucede con la lengua. Estas escenas no describen a una persona en particular: son rasgos de muchos de quienes han compartido el espacio.

Tiene once años. En el colegio dicen que no avanza; en la casa, que ya se probó todo. Las primeras semanas no quiere escribir nada. Un día, dibujando, escribe una palabra al revés. —¿Qué dice ahí? Al leerla, se parece a otra, y se ríe. Desde ahí empezamos.

Tiene catorce años y dice que las letras se mueven. A veces lee un párrafo entero sin dificultad y al día siguiente no puede leer una línea entera. Un día dice: «es que me siento muy cansada». ¿Cansada? ¿Y qué se hace con esa palabra? Por ahí continuamos.

Lleva un año sin ir al colegio. Llega sin ganas, y lo dice. Durante un tiempo solo conversamos. Un día trae uno de los cuadernos del colegio y hablamos de lo que quiere volver a hacer allí. Recordamos, desde ahí iniciamos el retorno.

Tiene diecinueve y le da miedo iniciar la universidad. Nadie sabe que le cuesta leer en voz alta. Al empezar, pensamos juntos qué pedirle a la universidad. Sus exposiciones podrán ser de otra manera.

Tiene cincuenta años. Después de una enfermedad, las palabras empezaron a escapársele al escribir. Llega con una pregunta: ¿cómo voy a escribir si se me olvidan las palabras? Habrá que llenar el vacío de esas palabras. ¿Con qué podría ser? ¿Cómo se construye un puente entre ellas?

«Me dijeron que tiene dislexia. ¿Qué es eso? ¿Qué hago?»

«Ya hicimos terapias, refuerzos, de todo. No queremos que lo corrijan más: queremos entenderlo.»

Instituciones

Colegios

También conversamos con colegios e instituciones que quieran pensar sobre sus procesos y enfoques de otra manera.

A veces, sin quererlo, las adaptaciones terminan separando a los muchachos de los demás, y los diagnósticos que llegan tarde pesan como una marca. No culpamos a la Escuela: creemos que puede ser un lugar privilegiado que se abra a lo singular de cada uno.

Un aula sin personas: un sillón, pupitres, un tablero y una lámpara, habitados por letras sueltas.

Qué hacemos con los colegios

Alrededor de un estudiante

Cuando un estudiante tiene dificultades con la lectura o la escritura, trabajamos con él, con su familia y con los docentes que lo acompañan, de manera articulada.

Encuentros con familias

Espacios con grupos de madres, padres y cuidadores para conversar sobre el lenguaje, la lectura y la escritura de sus hijos. Pueden ser parte de la escuela de familias del colegio.

Con el equipo docente

Encuentros para pensar juntos lo que pasa con el lenguaje en el aula: con lecturas, con preguntas y con los casos que traen los profes.

Cómo empezamos

Con una conversación con coordinación, orientación escolar o rectoría. Escuchamos qué está pasando y qué buscan, y desde ahí proponemos la forma de trabajo.

Escribirnos desde un colegio

Docentes

«No leen, no escriben, no entienden. Hay algunos a los que ni siquiera entiendo qué les pasa.»

Acompañamiento a docentes

Muchas veces quien llega preguntando no es el estudiante, sino su profe. Acompañamos a docentes de colegio y de universidad a pensar lo que pasa con un estudiante y con el lenguaje en el aula, y también lo que les pasa a ellos en esa escena.

Dos personas frente a frente y, entre ellas, un círculo de tinta rodeado de letras.

Desde dónde

No es una capacitación en técnicas. Partimos de lo que los docentes ya saben sobre el lenguaje (las competencias, las habilidades, los procesos de lectura y escritura) y sumamos otra mirada: el lenguaje como posibilidad del cuerpo, del lazo con otros y de la expresión de lo singular.

Acompañamiento por caso

Para cuando un profe dice: «me pasa esto con este estudiante».

  1. Antes del primer encuentro. El docente recibe unas preguntas para llegar con lo que ha observado: cómo lee, escribe y habla el estudiante, qué le pasa con el cuerpo y con los otros cuando aparece el lenguaje, y cómo es la relación entre ambos. El material llega sin el nombre del estudiante.
  2. Un encuentro para entender la situación. Una conversación amplia.
  3. Una lectura y una propuesta. Un encuentro más largo, con una devolución escrita que parte de una pregunta: cómo aprende este estudiante.
  4. Encuentros de ajuste. Miramos qué pasó con la propuesta en el aula y qué hay que afinar.
  5. Seguimiento y cierre.

Espacio de formación

Para cuando un profe dice: «enséñame cómo piensas el lenguaje».

Es un ciclo de encuentros, individual o en grupo, con lecturas escogidas y conversación sobre los casos que traen los docentes. No hace falta saber psicoanálisis para participar.

Los dos espacios se cruzan: quien empieza por la formación puede luego traer un caso, y quien trae un caso puede querer seguir pensando en grupo.

Escribirnos como docente

Orientación

Desde dónde trabajamos

Lo que hacemos nace de años de procesos de acompañamiento e investigación. Estas son algunas de las cosas que hemos aprendido.

Es un espacio pedagógico cuya orientación teórica y ética viene del psicoanálisis. Pensamos el lenguaje en tres dimensiones:

Una posibilidad del cuerpo
Leer y escribir también pasa por el cuerpo, y a veces el cuerpo responde con cansancio, ardor o rechazo.
Una posibilidad del lazo con otros
Aprendemos la lengua en relación con otros, y en esa relación se juega mucho de lo que pasa al leer y escribir.
Una posibilidad de lo singular
Cada uno tiene una manera propia de estar en la lengua.
Una figura humana de pie hecha de letras b, d, p, q y a; de su cabeza salen más letras.

Lo que hemos aprendido

Leer le pasa a alguien

Leer no es solo una función del cerebro que se entrena. Es algo que le pasa a alguien y en ese paso se cuenta su historia, sus miedos y sus deseos, se inscribe en el mundo social, se relaciona con el propio cuerpo y se logra construir lazos.

Las dificultades van y vienen

Hemos visto muchachos con diagnóstico que, en ciertos momentos, leen sin ninguna dificultad. Las dificultades aparecen, cambian o desaparecen de la mano de lo que le va pasando a cada uno. No son una avería y mucho menos algo fijado. Otras veces eso que no desaparece toma una forma distinta, entonces a partir de construcciones nuevas hay puentes nuevos hacia el saber, hacia las palabras o hacia los textos.

Los errores dicen algo

Una letra volteada o una palabra cambiada fallan en la lectura correcta, pero aciertan en otro sentido: dicen algo de quien escribe. Antes de corregirlos, nos interesa escucharlos y en la significación y resignificación de estos, el error ya es otra cosa. A veces algo que deja de necesitarse.

Corregir no alcanza

Lo que cambia no depende de repetir ejercicios, sino de que cada uno encuentre otra manera de relacionarse con la lengua y pueda hacer algo propio con lo que le pasa.

No venimos a decir que todo lo anterior estuvo mal

Muchas familias llegan después de muchas terapias. No se trata de invalidar otros caminos, sino de hacerles nuevas preguntas. De proponer otra forma, otra apuesta, otra puerta.

Pensamos la dificultad para leer y escribir como un modo particular de habitar la lengua. A veces más que dificultad es solución y entonces otras preguntas sobre el aprendizaje pueden permitir la elaboración de otros puentes y rutas hacia el saber.

El nombre

Sobre el nombre

Qaladra es palabra escrita al revés: la p se vuelve q y la b se vuelve d. Así la escriben, y la leen, algunos de los muchachos que han enseñado desde su singularidad a este espacio. El nombre nace de eso que se pensaría que es la escritura de un error. Pero aquí no se corrige: aquí jugamos. Así nació alaqaladra, que cuando otro lo leyó, dijo: «abracalabra», la magia. Y eso es: la fórmula que hace aparecer algo más, la palabra mágica. A la palabra, hacia donde apunta este acompañamiento.

Seguir leyendo la historia del nombre

El nombre tiene tres tiempos. El primero es que invita al juego: ya demanda algo del lector. El segundo es que uno tiene que quedarse ahí un momentico, tratando de estar seguro de lo que está leyendo: ahí está el efecto espejo. Y el tercero es que después aparece la sombra, que es la que dice lo que uno va a leer.

Un perfil que dice las letras q, a, d, b hacia un espejo ovalado, donde aparecen como d, b, p, a.

Quiénes somos

Soy Lina Chancí, docente de lenguaje. Los procesos de alfabetización son lo mío. He trabajado en ellos de muchas formas, escenarios, personas y momentos.

En algún momento algo más faltó. Había explorado muchas formas de alfabetizar, y aun así me encontraba con muchachos con dificultades en las que no sabía cómo intervenir. Necesitaba entender, de una forma mucho más profunda, qué es lo que pasa con la lengua, para entender qué es lo que nos pasa.

En el psicoanálisis encontré una forma de pensar al ser humano en relación con el lenguaje: atravesado por él. No en lo técnico, sino en lo que nos hace humanos, lo que nos duele, lo que nos impide y lo que podemos hacer con eso. Hace casi cuatro años inició este nuevo viaje con un estudiante con muchas preguntas y luego llegó otro más. Entonces decidí buscar un espacio académico para pensarlo y la maestría abrió todas las ventanas a estas preguntas y estas ideas.

Licenciada en Educación Básica con énfasis en Humanidades, Lengua Castellana (Universidad de Antioquia). Maestría en Psicología y Salud Mental, con énfasis en psicoanálisis (Universidad Pontificia Bolivariana), con la tesis ¿De qué es síntoma la dislexia?

Preguntas frecuentes

Para familias

¿Mi hija o mi hijo necesita un diagnóstico para venir?

No. Muchos llegan con uno y otros sin ninguno. El diagnóstico no es el punto de partida, ni mucho menos de llegada. A veces es la ocasión para encontrarnos.

¿Esto es una terapia?

No. Es un espacio pedagógico, cuya orientación teórica y ética viene del psicoanálisis. No hacemos grandes promesas: aquí no hay nada que curar. Pero hay todo por aprender y por crear.

¿Van a hacer tareas?

A veces estudiamos juntos lo del colegio o la carrera, pero no siempre ni todo. No es un refuerzo escolar: construimos con cada uno su propia manera de relacionarse con el saber.

¿Qué pasa si mi hija o mi hijo no quiere ir?

El espacio nunca obliga. Nos preguntamos qué más podemos proponer, y damos lugar tanto a las ganas como al desgano. Que pueda reconocer por qué no quiere, sin que una voz experta le diga qué tiene, ya es parte del trabajo.

¿Cómo participa la familia?

La familia hace parte del proceso desde el primer encuentro. Hay encuentros periódicos con la familia para pensar juntos lo que va pasando y, cuando hace falta, un espacio propio para madres, padres y cuidadores.

¿Cuánto dura y con qué frecuencia?

No hay una duración fija. Puede ser media hora a la semana o varias horas, según lo que cada uno necesite. Se acuerda con cada familia y se va transformando durante el proceso.

¿Es presencial o virtual?

Las dos cosas. Los encuentros presenciales son en Medellín. La modalidad virtual es posible en algunos casos, por ejemplo cuando la persona vive en otra ciudad; lo evaluamos caso por caso.

¿Desde qué edad?

No hay una edad mínima ni máxima. Cómo se organiza el espacio con cada uno, y quién lo acompaña, depende de cada caso.

¿Trabajan con adultos?

Sí. Acompañamos también a jóvenes en la universidad y a adultos, incluidos quienes siguen teniendo dificultades para leer o escribir, o a quienes les aparecen de repente.

¿Hablan con el colegio?

Cuando hace falta, sí, y a veces acompañamos al muchacho en su colegio o su universidad. Siempre cuidando que eso no lo haga sentir expuesto. También nos articulamos a la construcción de adaptaciones escolares si es posible y necesario.

¿Y si mi hija o mi hijo no tiene ninguna dificultad?

También puede venir. Hay familias que eligen que sus hijos vivan y exploren la lengua desde la relación singular que establecen con ella: como lazo con otros y como relación con el propio cuerpo.

Para colegios y docentes

¿Trabajan con colegios?

Sí: acompañamiento alrededor de un estudiante, encuentros con familias y espacios con el equipo docente. Empezamos con una conversación con coordinación, orientación escolar o rectoría.

Soy docente, ¿puedo pedir acompañamiento sin que el estudiante venga?

Sí. El acompañamiento a docentes es con el profe, no con el estudiante. Lo que el profe trae sobre el estudiante llega sin su nombre.

¿Hace falta saber psicoanálisis?

No. Partimos de lo que cada docente ya sabe sobre el lenguaje y sumamos otra mirada.

Para todos

¿Cuánto cuesta?

Cada acompañamiento es distinto, así que lo conversamos con cada familia, colegio o docente.

¿Cómo empezamos?

Escríbenos o mándanos un audio por WhatsApp, o escríbenos al correo, contándonos un poco qué está pasando. Te respondemos para conversar. También si escribes desde un colegio o una institución.

Contacto

Si quieres conversar sobre un acompañamiento, para ti, para tu hijo o para alguien de tu familia, escríbenos o mándanos un audio. Así podemos escucharte o leerte con calma y responderte bien.

Encuentros presenciales en Medellín o virtuales, según cada caso. También si escribes desde un colegio o eres docente.

Una mano azul que escribe una línea de bucles; arriba flotan las letras b, d, q, l y a.